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Una vida entre lineas…

Makisu en la gran ciudad: Camboya

Nunca antes había salido de Chile y como buena Carmela empecé a hiperventilar desde que pasamos policía internacional (en realidad desde antes, cuando tuve que ir a sacar pasaporte) y con una sonrisa de oreja a oreja empezamos este viaje que duró exactamente un mes y en el que pasamos por varios países del sudeste asiático, incuído Singapur; mi país-ciudad-isla más favorito de la vida.

Si bien llegamos primero a Bangkok, decidimos dejar Tailandia para el final y nos cambiamos “rápidamente” de aeropuerto y volamos hasta Phnom Penh, capital de Camboya en donde nos golpeó la realidad: Estábamos muy, muy lejos de casa. No sé si hacer comentarios sobre este lugar, que la verdad no me gustó nada, y sólo estuvimos unas pocas horas, así es que tampoco sería tan objetivo de mi parte.

A las 6 de la tarde estábamos instalados en un bus con destino a Siemp Reap, la ciudad del famosísimo Angkor Wat, aunque para llegar hasta allá tuvimos que soportar el primer “viaje en el bus de la muerte”. Es que no se imaginan lo que es estar 8 horas en un bus sin baño (con lo meona que soy), rodeada sólo por gente local que no hablaba nada de inglés, con un chofer que parecía sacado de película de terror, por una carretera sin iluminación y con una lluvia torrencial que yo jamás había visto en mi vida. ¿Han sacado a un gato a pasear en auto? me sentí muy parecido…

Después de unas horas el bus se detuvo en una “especie de gasolinera” para que todo el mundo fuera al baño, si por baño se entiende una “taza” enterrada en el suelo y con un tambor de agua al lado para lavarse, y donde tienes que orinar antes de que las cucarachas se te suban por las piernas. Pablo fue más afortunado, los baños de hombre eran simplemente unos matorrales. Ah, también vendían cocaví para el viaje, preferí pasar.

Ya sé que hasta aquí pareciera que no disfruté nada el viaje, pero no es así, fueron experiencias dentro de todo divertidas, de las que nos reímos mucho los días siguientes y de las que mi suegra no debe enterarse nunca porque me quitaría la custodia de Pablo… No, hablándo en serio, al comienzo estábamos muy asustados y silenciosos, pero después hasta me dormí profundamente y desperté sólo por dos cosas:

– El bus pegó un frenazo fuertísimo y una niña que iba sentada en un piso plástico rodó por el pasillo y

-La segunda parada al baño, donde tuve una lucha mental con mi vejiga y mi vejiga ganó (por lo menos soy más rápida que las cucarachas).

Una vez llegados a Siemp Reap, a las 1.50 de la madrugada fue otra odisea llegar al hotel, que parece que era el más alejado del “terminal”. Al final llegamos y nos estaban esperando con todo listo para caer rendidos y dormir.

Al día siguiente nos levantamos relativamente temprano. Patrick, el francés dueño del hotel,  nos llevó a dar una vuelta por ahí cerca donde había un mercado y un templo budista, nos dijo que le gustaban los sudamericanos porque no le tenían miedo a las lagartijas y en su hotel habían muchas “hay que elegir: lagartijas o mosquitos, yo me quedo con las primeras”, mucha razón.

En el patio del templo había un peculiar  memorial a las victimas de Pol Pot, dictador que mató a mucha gente en los 70 (¿les suena?)

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Los dos días siguientes los dedicamos a recorrer Angkor Wat y los templos que lo rodean, un recorrido espectacular que sin duda quiero volver a hacer. Aquí algunas fotos:

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Nosotros ibamos en Tuc-Tuc, pero también hay tour en auto con aire acondicionado. Nuestro chofer fue el señor Kong, muy elegante él.

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Todavía sonriente, a las 8 de la mañana no estaba tan caluroso. Al fondo se ve que los coreanos andan para todos lados con sombrilla, una idea genial si no fuera porque soy super lerda y se me pasaría volando.

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El único templo que recorrimos solos, cuándo nos íbamos apareció un bus lleno de coreanos

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Angkor Thom siendo tragado por la naturaleza

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Tomar una foto dónde no salga otro turista no es tan fácil, esta vez tuve suerte.

Al otro día teníamos que volver a Phnom Penh por la mañana, pero decidimos quedarnos. Estábamos tan enamorados del verde, las lagartijas y demases que conversamos con Patrick quien nos aconsejó tomar un “hotel bus” y viajar durante la noche siguiente. Por el check out no tenía problema, incluso nos dejó dormir en el spa hasta la hora de tomar el bus, y así lo hicimos. El Bus hotel fue toda una experiencia, pero eso en el próximo post.

¿Un balance?

Lo Bueno: La gente es muy amable y sonriente, excepto el mencionado chofer de bus, son relajados y no se ofenden si les dices que no.

Lo malo: No son muy de basureros, todo va a la calle. El olor a curry que me revolvía el estómago. Sobreviví comiendo piñas.

Lo raro: Entre las cosas más curiosas que vimos en Camboya está que conducen por cualquier lado de la calle y con el volante a cualquier lado, es más, manejan cualquier cosa que tenga ruedas y motor. Creo que si pudieran ponerle motor a una carretilla lo harían, y aprovecharían de echar a toda la familia arriba. En serio.

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5 pensamientos en “Makisu en la gran ciudad: Camboya

  1. Se ve bonito! Creo que hay que tener cierta predisposición y no ser mañoso para ir por esos lados. No sé si hubiera aguantado las lagartijas y las comidas raras jajaja. Y eso de hacer pipí luchando cn las cucarachas? Una experiencia surreal y aterradora… Jaja, mejor andar con pañales…
    Espero tus post sobre el resto del viaje!
    Saludos!

    • Pensé en ponerme una mimí gigante y dejarme llevar, créeme, pero en ese momento ni tenía toallas, ni tenía donde ponérmela (excepto el baño aquél).

      Es verdad que no hay que ser mañosa, en ese sentido Pablo lo paso regio y comió de todo. Yo no, a pura piña.

  2. Yo quiero ir! Ahora lo estoy pensando por lo de las cucarachas pero yo me puedo aguantar y no hacer pipí en hooooras. Creo que sobreviviría!

    Qué bello todo! De verdad quiero ir. El caballero del hotel, toda la razón, mil veces mejor las lagartijas. Vivan los reptiles! Odio los bichos.

    Yo tengo un don pa sacar fotos sin que salgan turistas. Es que coreanos y chinos hay en tooodas partes y siempre tapan el paisaje, jaja.

    Màasss!!!

    • Los coreanos y sus sombrillas, los japoneses y sus cámaras con zoom GIGANTE!!! en serio! Además son bulliciosos y se mueven en enjambres. Hicimos todo un estudio sobre eso jajajjaj

      • Siii. Yo encontré que los japoneses y coreanos sì, andan en manada, pero los más rotos son los chinos. Sobre todo las chinas. Se meten a la mala, te empujan, les da lo mismo, ni siquiera dicen sorry, nada.

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