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Una vida entre lineas…

El día en que conocimos a Adrián

Nunca fui muy amiga de los perros, en mi casa siempre hubo al menos uno y obvio que los quise muchísimo, pero con los otros perros, los de mis amigos, primos o los de la calle, simplemente nunca tuve onda. Después, como a los 18 me empezaron a dar miedo, así, de la nada me cambiaba de calle si venía alguno, si estaba echado durmiendo pasaba lo mas lejos y silenciosamente posible, me daba terror que el animal despertara sobresaltado y no encontrara nada mejor que morderme… en fin, en cuestión de perros me volví completamente paranoica.

Debo admitir que la idea de tener un cachupín se me ocurrió una vez que llegué a vivir acá, y empezó a rondarme cada vez más seguido, pero una vocecita interna me repetía “no, no lo hagas”, y seguí con mi vida convencida por aquella voz hasta que pasó lo que pasó : Un día pasando por el mercado de Antofagasta vimos que estaban regalando perritos, todos hermosos y gordos y lo más conmovedor : callejeritos que podían morir de hambre si nadie los adoptaba…

Recuerdo que nos volvimos al depa tristes, sabiendo que teníamos amor de sobra para un gordito… y después de mucho meditar tomamos una decisión.

Al otro día nos levantamos temprano especialmente a eso, a buscar al perro ideal: “chiquitito, obediente y de pelo corto” dijimos. Cuando llegamos donde los de la agrupación adopta un amigo habían cachorros por montón, unos blancos y peluditos, otros negritos que se notaba que serian muy grandes, un par de amarillos que dormían como lirones y entre todos ellos estaba él. Era el único que quería jugar, no estaba ni ahí con que lo tomaran en brazos y a pesar de todas sus magulladuras se veía feliz.

Lo elegimos así sin más, bastó mirarnos para saber que era él. Incluso la señora de la agrupación nos pregunto que si seguro que queríamos el “chasconcito”.

Adrián, fue el nombre perfecto y así sin más pasó a ser parte de nuestra vida.

adrian

Después de mejorarse de la sarna que tenía, le empezó a crecer pelo otra vez. Ahí descubrimos que tenía CEJAS, y ya no necesitó usar su chaqueta todo el día. También descubrí su amor por la jardinería, ya que podó todas mis plantas y nos dimos cuenta también de su energía inagotable.

En fin, amo a mi perro ( y como no amarlo cuando pone esta cara)

Ahora está proximo a cumplir un año, aun le gusta podar las plantas y a veces y solo a veces se cansa y nos deja descansar, pero en fin… no se parece en nada al perro que esperábamos tener, sin embargo es todo lo que podríamos necesitar…

Saludos perrunos y nuevamente gracias por leer 🙂

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3 pensamientos en “El día en que conocimos a Adrián

  1. CaroBeatriz en dijo:

    Lindo Adrián !!!! ….me mató la foto del medio donde está acostado, la expresión de sus ojos, pura felicidad. A mí también me pasó que después de tener cero onda con los perros (soy 100% gatuna), terminé enamorada de una quiltra abandonada en la calle que me hizo cambio de luces con la mirada…. y ahí está ahora, hace poco más de un año, en mi patio, en mi corazón y en mi vida espero por muuuuuuuuuuucho tiempo. Ladridos amistosos perrunos para Adrián, de Eva de Concepción.

  2. Qué linda historia, y muy lindo Adrián!

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